Más ricos, más desiguales

¿Cuál es la causa del aumento de la desigualdad de rentas que se viene registrando en los países desarrollados? Unos estudios culpan de ello a la globalización, más en concreto al comercio internacional. Otros señalan al cambio tecnológico. También hay quien apunta a la disminución del poder de los sindicatos. Otros más concluyen que es la combinación de todos estos factores la que está incrementando la desigualdad.

Polarización y desigualdad

El problema es que ninguna de estas explicaciones responde a una cuestión esencial. La gran liberalización del comercio internacional tuvo lugar a partir de 1996. El desarrollo de las tecnologías de la información y las comunicaciones, sobre las que se asienta la globalización, no tuvo lugar hasta la década de los noventa. Entonces, ¿cómo es que la desigualdad empezó a crecer a partir de la década de los setenta, al menos en EEUU? Diego Comín, profesor de Economía en el Dartmouth College, podría tener la respuesta.

Comín ha estudiado la polarización de la masa salarial en Estados Unidos. Por tal se entiende la tendencia a que la masa salarial se concentre tanto en el grupo de trabajadores menos cualificados como en el de aquellos de alta cualificación. Esto sucede en detrimento de los trabajadores de cualificación media, que antes se llevaban la parte del león de la masa salarial. Este grupo ahora contempla, impotente, cómo se reduce su participación en ella.

¿Por qué sucede esto? Comín indica que la polarización es el resultado de los cambios en los salarios de los distintos grupos de trabajadores. Pero, también, que se debe a las mayores tasas de cambio de empleo, que desplazan a los trabajadores de cualificación media hacia uno u otro extremo. Ese es el mecanismo a través del cual la desigualdad de rentas se incrementa.

Cualificación profesional

La causa última, sin embargo, apunta a lo que, a primera vista, podría parecer una paradoja. Y es que la razón estriba en que nos hacemos más ricos. ¿Cómo es posible? Comín explica, al respecto, que, a medida que aumenta el nivel de renta de una sociedad, cambia su patrón de demanda. Los ciudadanos, por ejemplo, demandan más servicios de sanidad y educación, cuya prestación requiere de profesionales cualificados. También demandan bienes de mayor calidad, que solo pueden elaborar trabajadores cualificados. Ese cambio se produce a costa de una disminución de la demanda de los bienes y servicios que producen los trabajadores de cualificación media. Este hecho explicaría entre un 50% y un 70% de la redistribución de la masa salarial.

Esta redistribución se produce de dos maneras. Por un lado, tienen lugar cambios en la intensidad del empleo en los distintos sectores productivos. Por otro, se producen cambios entre los sectores en la composición del valor añadido. Según Comín, este segundo efecto es más importante que el primero.

Pues bien, todo esto no es nuevo. Estas fuerzas vendrían actuando desde la década de los 70, al menos en Estados Unidos. Este es el contexto en el que después intervendrían, también, el cambio tecnológico, el comercio internacional o la pérdida de poder de los sindicatos. Su efecto, sin embargo, sería mucho menor que el que resulta del mero aumento de la renta. Dicho de otra forma, cuanto más rico se vuelve un país, más aumentan las desigualdades de renta. Al menos, cuando la desigualdad se mide sin tener en cuenta los efectos redistributivos de la política fiscal.

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